El Pastor Sidney Espino dos Santos, el hombre responsable de la conversión de Fernandinho, vive en Parque Royal a unas pocas cuadras de donde vive Iara con sus hijas. Su casa es modesta pero bien tenida, una edificación de dos pisos que da sobre una calle destapada. El Pastor Sidney es un hombre negro, pequeño y fornido. Me recibió con cautelosa cortesía y me invitó a pasar a la terraza del segundo piso. Vestía pantalón negro, una camisa habana muy bien planchada y corbata a rayas. Me sorprendió su físico atlético, el cual no esperaba encontrar en un predicador.
Hasta los veintiún años había sido Católico, luego se convirtió en protestante evangélico. Cuando le pregunté por el motivo de su conversión miró hacia otro lado. Me dijo que había tocado con una banda, que había salido con “muchas mujeres” y que la “ansiedad y la depresión” lo habían abrumado. El Pastor Sidney tiene treinta y cinco años, está casado hace quince y tiene tres hijos. Fue paracaidista del ejército y durante los últimos doce años había trabajado como supervisor de cubierta en las plataformas de petróleo en mar abierto. Me dijo que había visitado Angola en varias ocasiones al igual que Trinidad y Tobago. Su último trabajo había terminado hace dos años luego de un problema con un compañero de trabajo norteamericano.
El Pastor Sidney me explicó que había conocido a Fernandinho en el 2007, cuando algunos líderes comunitarios habían ido a verlo. Una serie de tiroteos se habían presentado entre Fernandinho y sus rivales –personas asociadas con Marcelo PDQ-. “Parecía una zona de guerra. Era muy peligroso y la comunidad tenía miedo,” me dijo. El Pastor Sidney llevaba algún tiempo predicando en algunos de los vecindarios más peligrosos de Ihla, por lo cual se había ganado algo de su respeto. “Estaba trabajando dentro de las comunidades de los narcotraficantes, entraba y predicaba en las calles. Me aproximo a todos ellos de la misma manera, como si estuvieran poseídos por demonios, y lo aceptaran, porque hay algo sobrenatural sobre todo esto. Sin embargo, había evitado a Fernandinho porque había escuchado cosas sobre él que no me gustaban”.
Me explicó que eventualmente, “Fernandinho vino a verme; observó como predicaba, vio a las personas postradas en el suelo, y me pidió una oración”.
En los últimos años, las sectas protestantes evangélicas han tenido una acogida impresionante en el Brasil, un territorio tradicionalmente católico. En algunas de las favelas de Río hay decenas de pequeñas iglesias donde noche tras noche el nombre del Señor es alabado al son de gritos y música a todo volumen. En la iglesia del Pastor Sidney, la Igreja Assembléia de Deus Ministério Monte Sinai, él y sus diáconos, los cuales incluyen varios antiguos gánsteres, cantan y tocan instrumentos creando una pared de ruido que combina ska, hiphop y rock góspel. Los parroquianos bailan, entran en trance y caen al suelo a medida que se exorcizan sus demonios.
El Pastor Sidney me explicó cómo es que puede ver los demonios. “Las personas que están poseídas suelen mirar un punto fijo y hay una frialdad a su alrededor –sus ojos no parpadean. Las personas mismas se encuentran ausentes-”. Cada vez que los veía, “pedía a Jesús que los tomara en sus brazos, a los ángeles que vinieran y se llevaran los demonios”. Me dijo que también ayudaba invocar el nombre del Señor: “la fe tradicional ayuda a que uno se mantenga centrado, al igual que las demostraciones del poder de Dios”.
Le dije que había escuchado que Fernandinho había dejado de asesinar gracias a su influencia. El pastor Sidney me miró escépticamente. Le pregunté si él creía que Fernandinho realmente creía en Dios. Me contestó: “sólo Dios sabe lo que hay en el corazón de un hombre. Pero en mi opinión Fernandinho está lejos de aceptar a Dios. Se ha acercado un poco, ha cambiado en comparación con lo que era anteriormente. Es cierto que ya no utiliza tanta violencia y ha reducido considerablemente los asesinatos. Antes solían bajar desde Dendê y robar autos y casas, ahora eso está prohibido. En la actualidad sus hombres son más que todo traficantes de droga”.
Desafortunadamente su relación con Fernandinho se ha deteriorado últimamente. “Nos gusta Fernandinho, pero queremos buscar distancia para que él mismo pueda ver lo que lo rodea y dónde se encuentra”. Hace algunas semanas nuevamente ocurrieron varias ejecuciones. El Pastor Sidney me dijo: “esos asesinatos me hicieron sentir irrespetado. Ahora cuando subo a Dendê únicamente me quedo con la gente de la comunidad. Ya no intento convertir a los traficantes. Rezo por ellos sólo cuando me lo piden”. También se sentía irritado por la aparición de rivales evangélicos que trataban de congraciarse con Fernandinho. “Están diciéndole lo que él quiere escuchar, no lo que necesita escuchar”. (La semana pasada durante un allanamiento en Praiada Rosa se encontró un morral que contenía un rifle y municiones, el lugar del allanamiento era una guardería localizada dentro de otra iglesia Pentecostal).
Le pregunté al Pastor Sidney si a pesar de la tensión podría presentármele a Fernandinho. Frunció el ceño. Me dijo que no quería verse con Fernandinho aún pero que me llevaría hasta Morro do Dendê y llevaría a cabo las presentaciones necesarias. Lo demás estaba en mis manos.
Fuente: Elespectador.com

















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